domingo, 2 de enero de 2011

UNA DE MORAL (33)

Conferencia, que en el año 1.992, con motivo del centenario de la proclamación de la Inmaculada como patrona de infantería, impartió el entonces Coronel D. José María Sánchez de Toca y Catala.

"...por último pero no menos importantes, los jefes del batallón Zamora, que en la misma unidad que hace cuatro siglos quedó cercada por las aguas. Una unidad de infantería,cuyo historial, detrás de un regimiento ruso y delante de un regimiento inglés, tiene la segunda plusmarca mundial absoluta de victorias y batallas.

Y ahora hay que hablar de la Inmaculada, y quisiera empezar a hacerlo con unos versos de Berceo:

La Gloriosa me guíe
que lo pueda cumplir
Madre llena de gracia, Reina poderosa,
guíame Tú en esto, Tú que eres piadosa,
por España quisiera enseguida empezar,
por Toledo la grande, afamado lugar.

La Púrísima no es un concepto fácil, y por eso, les ruego que me sigan en algo que no es homilía, sino un soldado viejo que va a hablar de la Dulce Señora de nuestra Infantería.

...Y para sostener contra viento y marea esta verdad misteriosa, parece como si la Providencia hubiera elegido a España, como si el haz de pueblos que vino a parar a esta península mesetaria y hosca, hubiese estado especialmente preparado para ello.

No sé si ustedes han caído en la cuenta que en el substrato más antiguo de nuestra nacionalidad, en nuestros orígenes remotos, los restos de cultura material de nuestro pasado son sorprendentemente dignos, algo muy raro, por no decir único, entre los pueblos del mundo.

En nuestra arqueología no hay relieves lúbricos como en Angkor, ni Venus ligerillas de ropa, ni orgías de ultratumba como en los sepulcros etruscos de Tarquinia. Ni valquirias germánicas,ni horribles brujas finlandesas, ni despechugadas diosas helénicas o romanas. Ni siquiera una torpe Venus panzuda y amarillenta como la de Wilendorf, que está en el museo de Viena.

Los testigos materiales de nuestro oscuro pasado son las Damas de Elche o de Baza, la estatua orante del Cerro de los Santos, imágenes femeninas que podrían tomarse por imágenes de la virgen de cualquier rincón de España.

Y sobre este sustrato, la Virgen quiso venir en vida a plantar el Pilar, que es una columna de piedra, que es como si fuera el hito inicial del ser colectivo de las Españas, la piedra fundacional de una nacionalidad especialísima. Un poste de piedra donde pudieran amarrarse amorosamente las voluntades centrífugas de unos pueblos insolidarios y hermanos, cuyas características -no siempre amables, ciertamente- harían posible a su debido tiempo, hazañas universales."

No hay comentarios:

Publicar un comentario